jueves, 23 de mayo de 2013

El Hombre que Calculaba y el reparto de camellos...


Hoy, haciendo clases en primero medio, hablábamos de la importancia del pueblo árabe en el desarrollo del Álgebra, tanto así que a nivel mundial utilizamos la escritura numérica que ellos crearon.
Durante la tarde me quedó dando vueltas el tema en la cabeza y recordé un hermoso libro que tengo llamado "El Hombre que Calculaba" de Malba Tahan, que trata de un hombre, Beremiz Samir, cuya capacidad lógica y matemática destacaba por el resto de sus pares logrando resolver grandes dilemas y necesidades que aquejaban a su alrededor. Sin duda es un libro de lectura obligatoria para todos los amantes de la matemática.
Quiero compartir aquí, el capítulo III de esta aventura llamado:


"Donde se narra la singular aventura de los treinta y cinco camellos que tenían que ser repartidos entre tres hermanos árabes. Cómo Beremiz Samir, El Hombre que Calculaba, efectuó un reparto que parecía imposible, dejando plenamente satisfechos a los tres querellantes. El lucro inesperado que obtuvimos de la transacción"

Hacía pocas horas que viajábamos sin detenernos cuando nos ocurrió una aventura digna de ser narrada, en la que mi compañero Beremiz, con gran talento, puso en práctica sus habilidades de eximio cultivador del älgebra.
Cerca de un viejo albergue de caravanas medio abandonado, vimos tres hombres que discutían acaloradamente junto a un hato de camellos.
Entre gritos e improperios, en plena discusión, braceando como posesos, se oían exclamaciones:
-¡Que no puede ser!
-¡Es un robo!
-¡Pues yo no estoy de acuerdo!

El inteligente Beremiz procuró informarse de lo que discutían.
-Somos hermanos, explicó el más viejo, y recibimos como herencia 35 camellos. Según la voluntad expresa de mi padre, me corresponde la mitad, a mi hermano Hamer Namir una tercera parte y a Harim, el más joven, sólo la novena parte. No sabemos, sin embargo, como efectuar la partición y a cada reparto propuesto por uno de nosotros sigue la negativa de los otros dos. Ninguna de las particiones ensayadas hasta el momento, nos ha ofrecido un resultado aceptable. Si la mitad de 35 es 17 y medio, si la tercera parte y también la novena de dicha cantidad tampoco son exactas ¿cómo proceder a tal partición?

-Muy sencillo- dijo El Hombre que Calculaba-. Yo me comprometo a hacer con justicia ese reparto, mas antes permítanme que una a esos 35 camellos de la herencia este espléndido animal que, en hora buena, nos trajo aquí.
En ese punto intervine en la cuestión.

-¿Cómo voy a permitir semejante locura?¿Cómo vamos a seguir el viaje si nos quedamos sin el camello?
-No te preocupes, bagdalí - me dijo en voz baja Beremiz-, Sé muy bien lo que estoy haciendo. Cédeme tu camello y verás a que conclusión llegamos.

Y tal fue el tono de de seguridad con que lo dijo que le entregué sin el menor titubeo mi bello jamál, que, inmediatamente, pasó a incrementar la cálifa que debía ser repartida entre los tres hermanos.
-Amigos míos-, dijo- voy a hacer la división justa y exacta de los camellos, que como ven ahora son 36.
Y volviéndose al más viejo de los hermanos, habló así:

-Tendrías que recibir, amigo mío, la mitad de 35, esto es: 17 y medio. Pues bien, recibirás la mitad de 36 y, por tanto, 18. Nada tienes que reclamar puesto que sales ganando con esta división.

Y dirigiéndose al segundo heredero, continuó:

-Y tú, Hamed, tendrías que recibir un tercio de 35, es decir, 11 y poco más. Recibirás un tercio de 36, esto es, 12. No podrás protestar, pues tu también sales ganando en la división.

Y por fin dijo al más joven:

-Y tú, joven Hamir Namir, según la última voluntad de tu padre, tendrías que recibir una novena parte de 35, o sea 3 camellos y parte del otro. Sin embargo, te daré la novena parte de 36, o sea, 4. Tu ganancia será también notable y bien podrás agradecerme el resultado.

Y concluyó con mayor seguridad:

-Por esta ventajosa división que a todos ha favorecido, corresponden 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado de 34 camellos (18 + 12 + 4 = 34). De los 36 camellos sobran por tanto dos. Uno, como todos saben, pertenece al bagdalí, mi amigo y compañero; otro es justo que me corresponda, por haber resuelto a satisfacción de todos el complicado problema de las herencias.

-Eres inteligente, extranjero- exclamó el más viejo de los tres hermanos-, y aceptamos tu división con la seguridad de que fue hecha con justicia y equidad.

Y el astuto Beremiz -El Hombre que Calculaba- tomó posesión de uno de los más bellos jamales del hato, y me dijo entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:

-Ahora podrás, querido amigo, continuar el viaje en tu camello, manso y seguro. Tengo otro para mi especial servicio.
Y seguimos caminando hacia Bagdad.

Impresionante. Abrazos.





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